Propuesta General


Nuestra mirada sobre el urbanismo

Dentro de la carrera de arquitectura, la enseñanza de la planificación urbana aporta elementos para el conocimiento de la ciudad en tanto objeto susceptible de ser planificado; para ello es necesario el manejo de las bases conceptuales del urbanismo.
Las profundas transformaciones producidas en la ciudad y la complejidad inherente a las mismas, requiere de ajustes permanentes en la práctica urbanística. La tradicional fórmula de ‘conocer para prever’ que respalda el origen de la planificación moderna y que se presenta bajo la clásica secuencia: información -diagnóstico - propuesta, ha sido puesta en crisis en los últimos años. Al cambiar el punto de vista sobre la explicación de los procesos de desarrollo urbano y la posibilidad de predecirlos, ya no es posible utilizar y enseñar las metodologías tradicionales. La clásica teoría de sistemas de los años sesenta y setenta, que influyó profundamente sobre la base del planeamiento actual de la ciudad, está siendo reemplazada por teorías que están más vinculadas a las ciencias de la complejidad y que focalizan la atención en los ámbitos de toma de decisión.
Del mismo modo, el diseño y la implementación de los proyectos no pueden ya observarse como secuencias lineales y predecibles, especialmente en contextos cambiantes como el nuestro. Aquí, interfieren tanto los productos inmobiliarios importados -‘artefactos globales’- con sus propias pautas de comportamiento y localización, como las situaciones informales (casas tomadas, venta ambulante, etc.). La diversidad situaciones y de actores involucrados en nuestras sociedades nos lleva a considerar la ciudad como algo más próximo a un sistema complejo autorregulado, en el cual se van definiendo nuevas relaciones entre la ciencia, la cultura, la naturaleza y el territorio.
Como respuesta a la crisis del urbanismo por su supuesta incapacidad para resolver los problemas urbanos, se ha avanzado en exaltar una aparente capacidad organizadora del mercado, pero el resultado del conjunto de productos inmobiliarios carece de una idea integradora de ciudad, necesaria para que la ciudad no sea una suma de fragmentos urbanos.
En este contexto, ¿cuál es rol del urbanista? El urbanista debe actuar como un mediador social entre lo factible y lo válido. Un Plan y la normativa que lo reglamenta toman el carácter de un acuerdo social, en donde se trata de conciliar la decisión privada sobre cada unidad de propiedad con los intereses sociales en el espacio comunitario. La actuación urbanística es así mucho más que la suma de proyectos de arquitectura. No se trata solamente de una diferencia de escalas, sino de considerar la planificación como un proceso -más que como un producto definido- que carece de una solución única y en dónde deben ser evaluadas las alternativas que los diversos actores sociales puedan producir en distintos períodos de tiempo.
Hoy sabemos que el nivel de complejidad que ha alcanzado la ciudad no puede ser abordado por una sola disciplina; que dada la dinámica de los acontecimientos urbanos y su estructuración sobre un sistema de relaciones abierto, con permanentes perturbaciones del exterior, tampoco puede estudiarse como un modelo estático. Todo esto derrumba la idea de que la ciudad llegue, en algún momento, a un estado de equilibrio ideal. Por lo tanto, es necesario comprender la ciudad como un sistema complejo, en permanente cambio y abordar así su problemática con un proceso de planificación dinámico.